Recuperados del viaje de trabajo y habiendo sobrevivido al fin de semana (hay findes que es mejor que no lleguen o que pasen) de nuevo estamos aquí.
Y me encuentro con más de lo mismo. Viene el tripartito¡¡¡¡¡
No es que a estas alturas me vaya asustar CAROD y sus amiguitos, y aunque la opción contraria era la de un gobierno de derechas (CIU), tengo que reconocer que no me gusta nada ese gobierno.
Hasta en eso estoy en desacuerdo con las derechas de este país (ellos ven una oportunidad de atacar a Zapatero en el tripartito)
¿por qué no me gusta?
No me gusta porque creo que ERC es un partido historíco dirigido por un grupo de irresponsables (y no sólo los dirigentes lo son). Creo que no tienen una visión política general y que no estan preparados para gobernar.
Y tampoco me gusta porque creo que al PSC le ha podido más sus ansias de gobernar que la visión política. Ellos han perdido las elecciones y eso debe contar a la hora de formar gobierno.
¿mi opción? si CIU no ha sido capaz de pactar con ERC, ellos tendrían que gobernar en minoria... eso es lo que (según los resultados creo yo) ha decidido el pueblo catalan.
Saludos

Hola!
Vaya puñalada por la espalda le han metido a Mas. Estos del tripartito son unos irresponsables que no han sabido digerir los resultados. Le han quitado apoyo los ciudadanos, pero al fin y al cabo, como tres suman más que uno, han puenteado a CIU.
un saludo!
Me parece que la estrategia de la derecha os ha calado hondo. Es lo mismo que ha ocurrido en la izquierda catalana y española. Las falacias derechonas medran con facilidad si no las cortas de raíz.
En Cataluña, la derecha ha gobernado durante muchos años y cuando han pasado a la oposición no lo han soportado y han usado sin ningún miramiento la estartegia del miedo a diestro y siniestro. Ya sabéis, el cuento de siempre: España se desguaza, caos en Cataluña...
Que CiU haya obtenido más escaños no significa que tengan más o menos derecho a gobernar que Iniciativa, Esquerra Republicana y el Partit Socialista de Catalunya si así lo acuerdan. Es más, tal y como establece la ley hoy día, aquí en Cataluña, o aquí en España, podría llegar a ser presidente de Catalunya Albert Rivera (el de Ciutadans-Partit per la Ciutadania -el nuevo-, que ha conseguido tres parlamentarios) si el resto de formaciones se ponen de acuerdo.
Que guste o no es harina de otro costal. Pero así son las cosas y tanta legitimidad tiene el tripartit para gobernar como CiU en minoría si el tripartit no hubiera llegado a un acuerdo.
Tengo la sensación de hartazgo, que desde Cataluña siempre tengamos que estar dando explicaciones de lo que hacemos o dejamos de hacer. No pasa lo mismo con otra comunidades autónomas. ¿Por qué será?
No será que a muchos políticos les va de puta madre desviar la atención de según qué y atenerse a temas clásicos, como los catalanes y los vascos. Aunque todo puede ser más complicado, tal vez. O tal vez más sencillo y que el quid sea que estamos ante la etrena pugna entre el nacionalismo catalán y español.
Ahí queda eso, compañeros del sur!!! No soy de derechas pero tampoco de izquierdas y lo mismo cargo contra un progresista que contra un conservador o un liberal cuando la cagan. Y lo que ocurre es que a la derecha hoy día se le va la pinza en muchísimos temas. Aunque sepan muy bien lo que hacen. En fin que me lío. Hasta luego, lucas.
Querida amiga:
Solo un pequeños comentario, donde he dicho que el tripartito no es legítimo???
Fijate si el tripartito tendrá dudas de como ha funcionado que se qiuere cambiar hasta el nombre... como se quiere llamar ¿ENTENSA?
Por cierto... puedo opinar sobre un tema político catalán o lo tengo probido???
Saludos
Primero, amiga, no dices explicítamente que sea ilegítimo. Pero aunque no lo digas el tono de tu texto eso insinúa en varios momentos, o por lo menos, que si es legítimo, no es muy ético. De la misma forma que tu te das por aludida, incluso cuando yo tampoco digo que tu hayas afirmado que es ilegítimo, de la misma forma, digo, me parece a mi que del tono general de tu texto así se desprende:
"No es que a estas alturas me vaya asustar CAROD y sus amiguitos, y aunque la opción contraria era la de un gobierno de derechas (CIU), tengo que reconocer que no me gusta nada ese gobierno. (...)
Y tampoco me gusta porque creo que al PSC le ha podido más sus ansias de gobernar que la visión política. Ellos han perdido las elecciones y eso debe contar a la hora de formar gobierno.
¿mi opción? si CIU no ha sido capaz de pactar con ERC, ellos tendrían que gobernar en minoria... eso es lo que (según los resultados creo yo) ha decidido el pueblo catalan."
En todo caso, nada que objetar. El tripartit II es legítimo (los dos coincidimos a tenor de tu respuesta) y tan ético com cualquier otro gobierno que hubiera podido formarse.
Segundo, amiga, sobre lo de ENTESA mantengo la opinión que dejé en mi blog y a ella me remito. No sé si entiendes el catalán. Por si a caso, sobre lo de ENTESA digo que es una estrategia claramente hecha a la defensiva (con el cambio de nombre, el miedo que tienen a la derecha ya rezuma). Si realmente tan malo hubiera sido el tripartito I, no se hubiera dado una segunda edición.
Tercero, amiga, por supuesto, puedes opinar, solo faltaba y, evidentemente, no está prohibido y en ningún momento digo lo contrario. No me he explicado bien, quizás. El problema es nuestro, de los catalanes. A lo que me referio es que en Cataluña está muy extendida la idea de dar explicaciones sobre lo que hacemos. La cosa va desde los mismos políticos hasta, como has podido comprovar, ciudadanos de a pie. O sea, yo mismo que me quejo de esto, no lo he evitado y he opinado en tu blog, por ejemplo.
Cuarto, ¿puedo opinar yo sobre por qué se opina tanto de Cataluña y no de otras comunidades o lo tengo prohibido? ¿Supongo que no, verdad? Simplemente era para argumentar por qué creo que aquí tendemos siempre a dar explicaciones. Porque nos caen por todos lados. Pero en fin, este es otro tema...
¡¡Buenos días desde Barcelona!!
Querido amigo Nicolasorta, permiteme que por una vez discrepe de tu comentario y a continuación intente mostrarte con un par de articulos la verdadera cara de CIU:
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La derrota del 'neocon'
No me refiero a Bush, sino a CiU. La campaña neoconvergente y su derrota frente a los votos que han revalidado el tan agredido catalanismo de izquierdas ha puesto de relieve una vez más el extremo rostro de esa derecha.
¿Cuáles son sus rasgos, en apariencia increíbles?: rechazo a la democracia pluralista si cuestiona su poder; desdén por las justas razones de las minorías cuando lo monopolizaba; falta de respeto a las instituciones cuando las rigen sus rivales; ausencia de convicción ideológica más allá de la retórica y el oportunismo, ofreciéndose neoliberal al PP y socialdemócrata a los partidos de izquierda con tal de tocar mando y cartera; negar la inteligencia de los catalanes al tenerlos por tontos y fácil presa política del marketing publicitario; manipular el sentimiento nacional haciendo bandera partidista de estimar Catalunya, como si los demás no la amásemos; agresividad calumniosa hacia los grupos rivales utilizando por sistema la mentira y la trampa; hipocresía que disfraza de patriotismo el interés propio; patrimonializar en exclusiva la Generalitat, el país y el catalanismo; ser sucursal de quien mande en Madrid para mantener su poder aquí, después de acusar durante años al PSC de sucursalismo, y vetar a Montilla como Presidente por su obediencia a Zapatero mientras exige y espera que éste le obligue a pactar con Mas; llamar apoyo a la gobernabilidad española lo que es simple chantaje a sus gobiernos (las mafias cobran por no atentar) para que ordenen a sus "agentes" (Piqué, Maragall, Montilla) que la aúpen o se le rindan; negar un pacto sociovergente con ZP tras convertirlo en vox populi por sus plumíferos a sueldo; escandalizarse ante la campaña anticatalana del PP, siendo ella la provocadora para hacerse perdonar su antigua alianza, con un nacionalismo verbal exacerbado que incitó a Carod con engaño a rivalizar en exabruptos y exigencias que debilitaron el apoyo del PSOE al Estatuto y ayudaron al PP; boicotear el Estatuto y, a última hora, apuntarse el tanto en exclusiva, encelando a ERC y lograr así la ruptura del odiado tripartito y la caída del peligroso candidato Maragall; decir que el PSC y ERC engañaron al pueblo por no proclamar sus futuras alianzas, cuando CiU hizo lo propio con sus votantes contrarios a pactar con éstos, a los cuales acabó suplicando coalición a cualquier precio, menos, eso sí, la Presidencia.
¿Podía ser otro el resultado de tanto vicioso error antidemocrático? ¿Extrañará que el amplio sector que ha votado a CiU lo haya hecho intoxicado por el clima enrarecido de unos "neoconvergentes" contra el resto de la Cataluña plural? ¿No habrán logrado la abstención de los electores moderados, igual que la de otros se debe a la confusión creada en estos años por la maliciosa estrategia de CiU de inducir desacuerdos y conflictos permanentes entre todos los partidos? ¿Podían alegrarse los catalanes de seny con las técnicas importadas por el aznarismo facha de los neocon de Bush? La campaña del ex convergente Piqué, heterodoxa según Zaplana, fue, pese a todo, más digna y liberal. Su eslogan, al menos, ha triunfado: ha votado el sentido común; el que ha confirmado al Gobierno tripartito pese a sus errores, distintos a los aireados por CiU. El plebiscito contra el Gobierno Maragall, centro de la campaña derechista, fue derrotado por 70 escaños a 48: 22 de diferencia. Por lo visto, y pese al DVD, la gente estaba enterada de lo bueno hecho por las izquierdas en un trienio y que CiU no hizo ni en ocho. Sin necesidad de ERC, el bipartito PSC-ICV le ha ganado por un escaño más. De poco ha servido arrastrar al muy honorable Jordi Pujol a la táctica neocon. Tampoco la amenaza de una crisis social ("O yo o el caos", como decía Franco) si ganaban las izquierdas. Todo para lograr tan sólo dos nuevos escaños gracias a una ley electoral injusta, perder cien mil votos, crecer un 0,58%, y retornar al infierno de la oposición sin dinero público para pagar las deudas millonarias de una campaña disparatada.
Lo peor es que no se ve propósito de enmienda. Montilla prometió no recaer en errores, y la nueva Entesa ha recordado en público cuáles fueron éstos y cuáles sus remedios. Su mayoría absoluta se debe a que los electores se fiaron del serio Montilla y no de su espavilat rival. En cambio, Mas dice que repetiría su campaña de genialidades infantiloides (cheques, notarios,Guifrés, mentiras y cintas de vídeo por quien hablaba de maragalladas), amenaza con una oposición aún más destructiva que la anterior, y el señor Duran piensa votar en Madrid con el PP para seguir forzando una ruptura Zapatero-Montilla por no dejarse sucursalizar éste como CiU. Con tozudez suicida se vuelve a negar legitimidad al nuevo Gobierno democrático. Una Entesa que ya sabe cómo se las gasta el punzón insidioso y separador (es decir, diabólico) de CiU no ha de dar, espero, el mínimo pretexto a quien tan mal la quiere. Ya sé que es pedir demasiado, pero lo más mínimo suele ser agrandado hasta el infinito por quien no puede con lo grande. No podemos jugarnos de nuevo el futuro en paz y progreso de nuestra nación ni aquí ni en el resto de España.
J. A. González Casanova es catedrático de Derecho Constitucional de la UB.
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El Segundo:
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ecciones electorales
• El tripartito es el primer Gobierno de izquierda catalán que ha durado más de tres años
Escribo este artículo cuando acaban de anunciarse los primeros resultados de las negociaciones para constituir el nuevo Govern de la Generalitat, unos resultados que prometen la continuidad del tripartito. Una continuidad que es la única solución honesta y operativamente posible e, incluso, la más deseable para la normalización del país. Es, sin duda, la que mejor interpreta las opiniones de cierta mayoría de ciudadanos --dentro de la escasa y tristísima participación en las elecciones-- y la que reconoce una experiencia de gobierno que ha sido la más positiva y eficaz desde las épocas de Francesc Macià y Lluís Companys, a pesar de haber sido tan injustificablemente reprobada por las diversas oposiciones a lo largo de las campañas, sin querer distinguir entre anécdotas personales y acción coordinada de gobierno.
Así habremos batido dos récords históricos: Pasqual Maragall es el primer president de Catalunya que no ha tenido que sufrir prisión, exilio o asesinato, y el tripartito habrá sido el primer Gobierno de izquierdas en la Catalunya contemporánea que habrá perdurado más de tres años, ya que hasta ahora los conservadores, los caciques, los botiflers, los militares y los curas les habían echado en seguida con todo tipo de violencias.
HAY QUE reconocer que la verbosidad de la campaña --y especialmente la de CiU-- ha sido un factor decisivo en la interpretación adecuada de los resultados. Ha sido CiU la que ha logrado polarizar el campo de batalla, atacando la compacidad del tripartito como si fuese el enemigo unitario y frontal, realizando un DVD insultante que quería arrasar y que, en cambio, consiguió magnificarlo y hacerlo indispensable en la cuantificación del debate. Le dio carta de naturaleza como coalición estable, con una posición que ha resultado indefectiblemente prioritaria.
Ha sido CiU la que ha obligado a los ciudadanos a decidirse entre estos dos polos, porque ella misma rompía todos los posibles puentes y alianzas lanzando una retahíla de insultos a la ideología y a las personas de izquierdas, incluso más allá de la concreta acción de gobierno. Y el tiro les ha salido por la culata: si había que elegir entre CiU y un tripartito ya consolidado, los ciudadanos han elegido claramente al tripartito. Artur Mas ha perdido las elecciones --y seguramente otras cosas consecuentes-- por razones diversas, pero, principalmente, por haber programado erróneamente la campaña. Hay que recordarlo para que en otra ocasión no se la encarguen al señor David Madí.
Otro hecho revelador de los desequilibrios de la campaña ha procedido del otro lado: el papel lamentable de buena parte del PSOE a la hora de juzgar los pactos postelectorales. Lo que han dicho gente como Bono, Ibarra, Chaves y muchos otros de menor jerarquía es, simplemente, un escándalo tan ruidoso que lleva a pensar en una merma de los principios más claros de la democracia. ¿Quiere ello decir que en Madrid existe una izquierda, un socialismo, que prefiere que en Catalunya gobiernen los conservadores antes de que gobiernen los propios socialistas con la participación de ERC? ¿Tan importante es para ellos la eliminación de Carod-Rovira que, para conseguirla, prefieren perder el gobierno de una autonomía? ¿Por qué consideran más peligroso el catalanismo de Carod que el de Mas? ¿Acaso piensan que con CiU en el poder los posibles acuerdos --o las cerradas de boca-- se formularán mejor con terminología de derechas, que debe de ser la terminología habitual de Bono, Ibarra, Chaves y de buena parte de los socialistas esteparios?
Y Zapatero, ¿por qué no hace que se callen, como pedía Joan Saura? Está claro que fue precisamente Zapatero el que dio el primer paso equivocado en la famosa reunión con Mas en la Moncloa para pactar no sé cuántas cosas, aprovechando las renuncias del Estatut. ¿Lo tendremos en cuenta a la hora de las elecciones generales? ¿O este silencio discreto a última hora, ante el nuevo tripartito, le absolverá de una historia algo confusa?
La campaña nos ha dado aún otra lección. La candidatura de José Montilla en lugar de la de Maragall parecía apoyada por el supuesto de que, por fin, se arrancaría el entusiasmo y el voto de las masas populares y mayormente inmigradas de las periferias del área metropolitana de Barcelona. Y esto no ha sido así: la abstención ha aumentado y los votos han disminuido, en general y en particular en las zonas que parecían más alejadas del relativo elitismo cultural y social de los equipos maragallianos. Era ingenuo pensar que la conquista de una determinada clase social marginada podía hacerse con gente de la misma clase. Alguna vez he escuchado --y leído en textos de gran profundidad teórica y mucho empuje programático-- que para ayudar a remontar a los sectores marginados de la clase obrera más despolitizada era más efectivo un poeta que un paleta. En este caso, antes del estruendo del último Govern, no disponíamos aún de un poeta, pero sí de un nieto de poeta, que ya es una buena aproximación.
A LO LARGO de la próxima legislatura, habrá que ir observando este fenómeno y ver si Montilla logra convencer a la gente de L'Hospitalet, de Santa Coloma, del Besòs o de La Mina sobre algo fundamental: el Govern de la Generalitat es el que toma las decisiones que más les afectan y por tanto tienen que estar más atentos a las elecciones autonómicas. Su bienestar depende más de la Generalitat y de Europa que del Gobierno del Estado, al que, en cambio, dedican tantos entusiasmos --aunque sin exagerar-- electorales y preelectorales. ¿Lo conseguirá? ¿O pronto tendremos que volver a llamar a los poetas que, al fin, quizá, tienen más prestigio y más autoridad entre el proletariado?
ORIOL Bohigas
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