No me gusta ponerme filosófico. Uno tiene bajadas y subidas de moral y a veces puedes escribir algo inmerso en una de esas subidas o bajadas y arrepentirse días o meses después de lo dicho. El problema es que cuando uno habla, las palabras se las lleva el viento, pero cuando uno escribe, lo escrito permanece.

Yo siempre he intentado en todos los trabajos que he tenido llegar con humildad, sumarme al equipo de trabajo que existiera y trabajar como el que más para que nadie nunca pudiera decir que me escaqueo. Los que me conocen saben que es verdad.

Y me jode darme cuenta de que la mayoría de las veces no vale de nada. Me jode ver como la peña pasa de esas cuestiones y confunden tu buena fe con debilidad. Te entra ganas muchas veces de pegar un golpe en la mesa y poner firme a la peña...

Pero te das cuenta que no merece la pena, que tu no vas a cambiar el status quo. De esa forma acabo aburriendome y cuando has encauzado el trabajo que te han encomendado, te aburres y en vez de plantearte pasar de todo, trabajar lo mínimo y seguir con la monotonía en ese trabajo a mi me da ganas de cambiar.

Evidentemente y sin ningún genero de dudas, la culpa es mía. Cuando la mayoría de la gente piensa de una manera contraria a la tuya, o si en una autopista los coches van en una dirección y tu eres el único que va en la contraria, el que va contracorriente eres tu asi que, o te sumas a la corriente o lo vas a pasar muy mal. Es verdad que Ortega y Gasset ponía el ejemplo de las moscas y la mierda (que a todas las moscas le guste la mierda no quiere decir que la mierda sea buena) pero bueno. En el fondo el que voy contracorriente soy yo y aunque a la mayoria de la peña le encantaria sentirse así a mi me putea desde mi más tierna infancia. Me jode sentirme diferente. A veces pienso en lo bueno que sería ser un gamma, o beta, o epsylon o su puta madre de un mundo feliz. No ta pagan por pensar, sino por acatar ordenes aunque sean tonterias.

Saludos